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lunes, 7 de marzo de 2011


Las Drogas: Un Problema Mundial



Hoy día, el mundo está viviendo una de las épocas más difíciles de la historia de la raza humana. Ustedes me dirán que es lógico desde el punto de vista esotérico, porque estamos en un cambio de Eras; que la Era de Piscis está siendo progresivamente reemplazada por Acuario, y esto trae un conflicto como se produce siempre que existen cambios de eras. En el Bhagavad Gita se nos dice que el Avatar viene cuando las condiciones del mundo son más difíciles, o cuando la Ley ha sido vilipendiada, a tal punto que el egoísmo de los hombres ha reemplazado el sentimiento de bien, oculto en el corazón de todo ser nacido.

Pero también sabemos esotéricamente que la Jerarquía, la Gran Fraternidad de Shamballa, está orientada según la Ley de Economía de Fuerzas y que no podrá reaparecer el Instructor si ciertas condiciones mundiales no han sido debidamente corregidas. Como por ejemplo: la guerra que existe todavía en muchos sectores del mundo, la mafia organizada con el tráfico de drogas y la prostitución. Todo sentimiento de bien desaparece cuando la persona ha sido corrompida, sea por la prostitución o por la droga, pues ya no es un ser humano, es un despojo, un vegetal inerme sujeto a las inclemencias de los poderosos egregores psíquicos que están planeando en las redes etéricas de nuestro mundo.

Vicente Beltrán Anglada – La Venida del Instructor del Mundo - Págs. 5 / 6


La mayoría de personas que están tratando con el yoga, que están vivificando sus centros en un intento casi diríamos desesperado de hacer que progrese, que ascienda el Fuego de Kundalini, está manipulando una fuerza que está desconociendo desde un buen principio, porque no se desarrolla Kundalini por el desarrollo del propio Kundalini sino cuando por el servicio creador dentro de lo inmediato estamos creando estos centros, estos chacras, que al estar desarrollados es cuando invitan a Kundalini.

No puede ascender Kundalini, el fuego de la naturaleza, sin que esté preparado el receptáculo, es como (si), místicamente, quisiéramos invocar el Verbo sin haber purificado el Cáliz. Es algo incongruente, ilógico, y precisamente nuestra era, esta era de oportunidades dentro de las cuales estamos inmersos y que constituyen pese a sus tremendas dificultades la gloria de la evolución presente, de este tipo de civilización, estamos tratando de vincularnos precisamente dentro de un nuevo ejercicio de hechos, dentro de nuestro círculo- no- se- pasa de posibilidades, de hacer que el fuego vaya ascendiendo por su libre curso sin invocarle, solamente preparar el camino: ahí está el verdadero sentido de la evolución psicológica del ser humano; y cuando se transgrede la ley, cuando esta fuerza potentísima de la naturaleza que está ardiendo en las entrañas del planeta asciende sin la debida preparación —lo cual se está intentando bastante, es un peligro de la juventud a través de la droga—, estamos haciendo algo como está haciendo el aprendiz de brujo, que sin comprender el alcance de la potencia invocativa del Maestro, quiere hacer como él invocando las potestades que están más allá del círculo- no- se- pasa de sus posibilidades, y entonces viene la muerte, y es el mejor de los casos.

Vicente Beltrán Anglada – Conversaciones Esotéricas Concepto de Ley de Jerarquía
      Barcelona, el 10 de Mayo de 1975 - Págs. 4 / 5



Estamos preguntando: ¿cuál es el significado de la experiencia? ¿Tiene ella algún significado? ¿Puede la experiencia despertar a una mente que está dormida, que ha llegado a ciertas conclusiones y que está atada y condicionada por creencias? ¿Puede la experiencia despertarla y romper toda esa estructura? ¿Puede una mente así -tan condicionada y tan recargada con sus innumerables problemas y aflicciones y sufrimientos- responder a reto alguno? ¿Puede hacerlo? Y si responde, ¿no tiene que ser inadecuada esa respuesta, y por lo tanto causa de mayor conflicto? Buscar experiencias más amplias, más profundas y trascendentales es siempre una forma de escape de la realidad, de “lo que es” ahora, lo cual somos nosotros mismos, nuestra propia mente condicionada. ¿Por qué ha de necesitar “experiencia” alguna una mente extraordinariamente despierta, inteligente, libre? La luz es la luz, no tiene necesidad de más luz. El deseo de más “experiencia” es un escape de lo real, de “lo que es”.

Si uno está libre de esta perpetua búsqueda, libre de la exigencia y del deseo de experimentar algo extraordinario, entonces puede proceder a investigar qué es la meditación. Esa palabra -al igual que las palabras “amor, muerte, belleza, felicidad”- está muy recargada. ¡Hay tantas escuelas que le enseñan a uno cómo meditar!
Pero para comprender lo que es la meditación, uno ha de establecer primero las bases del recto comportamiento.

Sin esas bases la meditación es realmente una forma de autohipnosis. Si no estamos libres de ira, celos, envidia, codicia, adquisividad, odio, competencia, deseo de éxito -de todas las formas consideradas respetables y morales en nuestro actual sistema de vida- sin establecer la base correcta, sin vivir una vida cotidiana verdaderamente libre de distorsión, de miedo personal, de ansiedad, codicia, etcétera, la meditación tiene muy poco sentido. Establecer esa base es de suma importancia. De manera que uno pregunta: ¿qué es la virtud? ¿Qué es la moralidad? Por favor, no digan que ésta es una pregunta burguesa, que ella no tiene sentido en una sociedad tolerante que lo permite todo.

No estamos interesados en esa clase de sociedad; nos interesa una vida  completamente libre de temor, una vida que sea capaz de un amor profundo y duradero. Sin eso la meditación se vuelve un extravío, es como tomar una droga -como tantos lo han hecho- para disfrutar de una experiencia extraordinaria a pesar de vivir una vida falsa e insignificante. Los que usan drogas tienen algunas experiencias extrañas, quizá vean un poco más de color, puede que se tornen algo más sensitivos y que gracias a la sensibilidad provocada por las sustancias químicas tal vez vean las cosas sin espacio entre el “observador” y lo observado. Pero cuando el efecto químico se ha ido, están donde estaban antes, con el miedo, el tedio, otra vez en la vieja rutina; por lo tanto tienen que tomar la droga de nuevo.

J. Krishnamurti - El Vuelo Del Águila - Pág. 16

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