Las Drogas: Un Problema Mundial
Las experiencias de los clarividentes no ejercitados -y téngase presente que esta clase comprende todos los clarividentes europeos, excepto unos pocos- se quedan, por regla general, muy atrás de lo que he dicho; se quedan muy atrás de muchos modos diferentes, en grado, en variedad, en permanencia y, sobre todo, en precisión. Algunas veces, por ejemplo, la clarividencia de una persona será permanente, pero muy parcial, extendiéndose tan sólo a una o dos clases de los fenómenos observables; se otros poderes de vista que debieran de un modo normal acompañarla o precederla. Por ejemplo, uno de mis más queridos amigos ha tenido toda su vida el poder de ver el éter atómico y la materia astral atómica, y de reconocer su estructura, tanto en la luz, como en la oscuridad, como compenetrando todo lo demás; sin embargo, sólo rarísimas veces ha visto entidades cuyos cuerpos están compuestos de éter inferior o de materia astral más densa, mucho más perceptibles, y en todo caso no puede verlos siempre. Sencillamente, se encuentra en posesión de esta facultad especial, sin ninguna razón aparente que lo explique, o relación alguna conocida con cualquier otra cosa; y fuera de probarle la existencia de estos planos atómicos y demostrarle su arreglo, es difícil comprender para qué cosa especial le sirve en la actualidad. Sea como quiera, tal es el hecho, y es una garantía de cosas más grandes futuras, de otros poderes que aún esperan desarrollo.
Hay muchos casos parecidos, parecidos, quiero decir, no en la posesión de esta forma particular de vista (que es única en mi experiencia), sino en que demuestran el desarrollo de una pequeña parte especial de la visión completa y clara del plano astral y etérico. De diez casos, sin embargo, de esta clarividencia parcial, en nueve habrá también falta de precisión, esto es, habrá mucha parte de impresión vaga y de inferencia en lugar de la definición concreta y clara y de la certeza del hombre ejercitado. Ejemplos de esta clase se ven constantemente con especialidad entre aquellos que se anuncian como «clarividentes probados para negocios».
Luego hay también los que son sólo clarividentes temporales, bajo ciertas condiciones especiales. Entre éstos hay varias subdivisiones: algunos pueden reproducir el estado de clarividencia a voluntad colocándose en las mismas condiciones, mientras que a otros les ocurre esporádicamente, sin relación alguna observable con las circunstancias; y a otros suele suceder que la facultad sólo se muestra una o dos veces en el curso de toda su vida.
A la primera de estas subdivisiones pertenecen los que son clarividentes sólo en el sueño magnético, fuera del cual son incapaces de oír ni de ver nada anormal. Éstos pueden a veces alcanzar grandes alturas de conocimiento; pero cuando esto sucede, es porque están pasando por un curso de educación regular, aunque por alguna razón no pueden aún libertarse sin ayuda del peso abrumador de la vida terrestre.
En la misma clase podemos colocar aquellos -en su mayor parte orientales- que adquieren alguna vista temporal sólo bajo la influencia de ciertas drogas, o por medio de la ejecución de ciertas ceremonias. Estos últimos se hipnotizan algunas veces por la repetición de las ceremonias, y en este estado se hacen clarividentes hasta cierto punto, pero lo más común es simplemente quedar reducidos a un estado pasivo, en el cual alguna otra entidad puede obsesionarle y hablar por su medio. Algunas veces sus ceremonias no tienen por objeto afectarlo a él mismo, sino el invocar alguna entidad astral que le da la información deseada; pero, por supuesto, éste es un caso de magia y no de clarividencia. Tanto las drogas como las ceremonias son métodos que a todo trance deben evitarse por todo el que desee llegar a la clarividencia en su aspecto superior. El sanador del África Central o médico-brujo y los siameses tártaros son buenos ejemplos de este tipo.
Los que sólo ocasionalmente han poseído cierto poder clarividente sin intervención de su propio deseo, han sido muchas veces personas histéricas o sumamente nerviosas, en quienes esta facultad viene a ser en gran parte uno de los síntomas de la enfermedad. Su aparición demuestra que el vehículo físico se ha debilitado hasta tal punto, que ya no ofrece obstáculo alguno a la manifestación de un poder de visión etérica o astral. Un ejemplo extremo de esta clase es el hombre que se alcoholiza hasta el delirium tremens, y en este estado de absoluta ruina física y de excitación psíquica impura, ocasionada por los estragos de esta horrible enfermedad, puede ver por el momento algún asqueroso elemental y otras entidades, las cuales ha atraído a su alrededor por el abuso de su vicio degradante y bestial. Hay también otros casos en que este poder de visión ha aparecido y desaparecido sin relación alguna aparente con el estado de la salud física; pero parece probable que aun en éstos, si hubiesen podido observarse con toda minuciosidad, se hubiera visto alguna alteración en el estado del doble etérico.
Charles Leadbeater – Clarividencia – Págs .16 a 18
Ciertas escuelas de misterios en la India enseñan que las larvas astrales se alimentan de las exhalaciones de los morfinómanos y alcohólicos. Que esos seres, incitan a sus víctimas a absorber continuamente las drogas venenosas y de ahí deducen que tales pacientes sólo se pueden curar cambiando dichas exhalaciones, mediante la aspiración de ciertas esencias.
Krumm-Heller – Del incienso a la osmoterapia – Pág. 15
Hay un sinnúmero de inhalaciones anestésicas y entre ellas tenemos calmantes, alucinantes, embriagadores y narcóticos, No se puede evaluar cuánto ha progresado la miseria de los sufrimientos humanos con el uso de las drogas heroicas. En Berlín, como en todas las grandes ciudades, existen seres criminales que venden a los infelices enfermos alcanfor, cocaína y otras drogas para aspirar, con las que obtienen cierta embriaguez. Últimamente ha habido hasta personas que aspiran vapores de bencina. Todo esto tiene consecuencias nefastas, fatales.


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